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 Textos escolares: Módulos de Religión "Amor de Dios" 2011

 

 

(NB 1) SEGUNDO BÁSICO

 

APOYO PEDAGÓGICO DOCTRINAL POR UNIDAD PARA

LOS MÓDULOS DE RELIGIÓN “AMOR DE DIOS” 2011-2012

Profesores: Rodolfo Mendoza y Gloria Lúcar

 

 

 

MARZO-ABRIL:     FICHAS Módulo "Amor de Dios" Nº 1- 4.

 

 

PRIMERA UNIDAD:

“DEMOSTREMOS AMOR Y COLABORACIÓN”

 

APRENDIZAJE ESPERADO:  Practicar acciones de amor con los valores cristianos.

 

 

CATEQUESIS SOBRE EL TEMA:

 

«JESUCRISTO SUBIÓ A LOS CIELOS, Y ESTÁ SENTADO
A LA DERECHA DE DIOS, PADRE TODOPODEROSO»

 (Fichas MAD: 2º Nº 1-4)

 

¿Qué representa la Ascensión?

 

Cuarenta días después de haberse mostrado a los Apóstoles bajo los rasgos de una humanidad ordinaria, que velaban su gloria de Resucitado, Cristo subió a los cielos y se sentó a la derecha del Padre. Desde entonces el Señor reina con su humanidad en la gloria eterna de Hijo de Dios, intercede incesantemente ante el Padre en favor nuestro, nos envía su Espíritu y nos da la esperanza de llegar un día junto a Él, al lugar que nos tiene preparado.

 

«DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR
A VIVOS Y MUERTOS»

 

¿Cómo reina ahora el Señor Jesús?

 

Como Señor del cosmos y de la historia, Cabeza de su Iglesia, Cristo glorificado permanece misteriosamente en la tierra, donde su Reino está ya presente, como germen y comienzo, en la Iglesia. Un día volverá en gloria, pero no sabemos el momento. Por esto, vivimos vigilantes, pidiendo: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22, 20).

 

¿Cómo se realizará la venida del Señor en la gloria?

 

Después del último estremecimiento cósmico de este mundo que pasa, la venida gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo definitivo de Dios en la Parusía y con el Juicio final. Así se consumará el Reino de Dios.

 

¿Cómo juzgará Cristo a los vivos y a los muertos?

 

Cristo juzgará a los vivos y a los muertos con el poder que ha obtenido como Redentor del mundo, venido para salvar a los hombres. Los secretos de los corazones serán desvelados, así como la conducta de cada uno con Dios y el prójimo. Todo hombre será colmado de vida o condenado para la eternidad, según sus obras. Así se realizará «la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13), en la que «Dios será todo en todos» (1 Co 15, 28).

(Cf. EL "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Compendio" 2005. Juan Pablo II. Joseph Card. Ratzinger, Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2005. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 28 de Junio de 2005, víspera de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, año primero de mi Pontificado. BENEDICTUS PP. XVI. Primera Parte. Segunda Sección. Capítulo 2, 132-135).

 

 

REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE EL TEMA:

 

Demostrando el Amor de Dios

 

En las pequeñas cosas que se puede hacer dentro de la sala de clases, la familia y los amigos.

 

Nuestra vida se compone de muchos pequeños esfuerzos, y si todos los orientamos en la dirección de la voluntad de Dios, del amor, nos llevarán muy lejos. Muchos pequeños pasos llevan hasta el final del camino, y la fidelidad en lo pequeño nos permitirá resistir tentaciones importantes (Cf. Lc. 12, 10). Por el contrario: el que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco vendrá a caer en las grandes.

 

Dios nos pide algo en cada momento, pero siempre al alcance de nuestras fuerzas. Tras la primera correspondencia, llegan más gracias para una segunda, por haber correspondido a la primera. Y así una gracia mayor se sucede a otra, si somos fieles.

 

Por otra parte, las cosas pequeñas no suelen mover a la vanidad, que tantas obras deja vacías. ¿A quién se le va a ocurrir aplaudir a quien ha cedido su asiento en el autobús, o a quien ha dejado ordenados los papeles y libros al terminar el estudio? ¿Quién va a alabar a la madre de familia porque sonría, si es lo que todos esperan de ella, o al profesor que ha preparado a conciencia su clase, o al alumno que ha estudiado la materia del examen, o al médico que ha tratado con delicadeza al enfermo?

 

Y estas cosas pequeñas, muchas de las cuales son meramente humanas, se tornan divinas por el ofrecimiento de obras que de ellas hacemos todas las mañanas y que luego hemos procurado renovar durante el día. Lo humano y lo divino se funden en una honda unidad de vida, que nos permite ganarnos poco a poco el Cielo con lo humano de cada jornada. Para ser fieles en lo pequeño necesitamos un gran amor al Señor, el deseo profundo, de ser todo de Él, de querer buscarle en las ocasiones que se presentan en toda vida normal. A la vez, el cuidado de lo pequeño alimenta de continuo nuestro amor a Dios.

 

La Virgen Nuestra Señora nos enseñará a valorar lo que parece sin importancia, a cuidar los detalles, lo menudo. Y esto en la vida familiar, en las relaciones sociales, en el cumplimiento de nuestro deber, en la piedad con Dios. (Meditación extraída de la serie "Hablar con Dios", Tomo IV, Décimo séptimo Domingo del T. O., por Francisco Fernández Carvajal).

 

 

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Planificaciones 2º Básico

 

Módulos "Amor de Dios"

 

 

 

MAYO:      FICHAS Módulo "Amor de Dios" Nº 5- 8.     

 

BÁSICO (NB1) Apoyo Pedagógico Doctrinal para los Módulos "Amor de Dios"

 

SEGUNDA UNIDAD:

“PERTENECEMOS A UNA FAMILIA”

 

APRENDIZAJE ESPERADO: Reconocer que tenemos una familia y a Dios que nos cuidan.

 

 

 

CATEQUESIS SOBRE EL TEMA:

 

CREEMOS

30. ¿Por qué la fe es un acto personal y al mismo tiempo eclesial?

 

La fe es un acto personal en cuanto es respuesta libre del hombre a Dios que se revela. Pero, al mismo tiempo, es un acto eclesial, que se manifiesta en la expresión «creemos», porque, efectivamente, es la Iglesia quien cree, de tal modo que Ella, con la gracia del Espíritu Santo, precede, engendra y alimenta la fe de cada uno: por esto la Iglesia es Madre y Maestra.

«Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre»
(San Cipriano)

 

31. ¿Por qué son importantes las fórmulas de la fe?

 

Las fórmulas de la fe son importantes porque nos permiten expresar, asimilar, celebrar y compartir con los demás las verdades de la fe, utilizando un lenguaje común.

 

32. ¿En qué sentido la fe de la Iglesia es una sola?

 

La Iglesia, aunque formada por personas diversas por razón de lengua, cultura y ritos, profesa con voz unánime la única fe, recibida de un solo Señor y transmitida por la única Tradición Apostólica. Profesa un solo Dios –Padre, Hijo y Espíritu Santo– e indica un solo camino de salvación. Por tanto, creemos, con un solo corazón y una sola alma, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida y es propuesto por la Iglesia para ser creído como divinamente revelado.

 

(Cf. EL "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Compendio" 2005. Juan Pablo II. Joseph Card. Ratzinger, Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2005. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 28 de Junio de 2005, víspera de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, año primero de mi Pontificado. BENEDICTUS PP. XVI. Primera Parte. Primera Sección. Capítulo 3, 30-32).

 

 

                                                                                     

REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE EL TEMA:

 

 

Colaboradores de Dios Creador en la concepción

 

 

Mediante la comunión de personas, que se realiza en el matrimonio, el hombre y la mujer dan origen a la familia. Con ella se relaciona la genealogía de cada hombre: la genealogía de la persona. La paternidad y la maternidad humanas están basadas en la biología y, al mismo tiempo, la superan. El Apóstol, "doblando las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad <y toda maternidad> en los cielos y en la tierra", pone ante nuestra consideración, en cierto modo, el mundo entero de los seres vivientes, tanto los espirituales del cielo como los corpóreos de la tierra. Cada generación halla su modelo originario en la Paternidad de Dios. Sin embargo en el caso del hombre, esta dimensión "cósmica" de semejanza con Dios no basta para definir adecuadamente la relación de paternidad y maternidad. Cuando de la unión conyugal de los dos nace un nuevo hombre, éste trae consigo al mundo una particular imagen y semejanza de Dios mismo: en la biología de la generación está inscrita la genealogía de la persona.

 

Al afirmar que los esposos, en cuanto padres, son colaboradores de Dios Creador en la concepción y generación de un nuevo ser humano, no nos referimos sólo al aspecto biológico; queremos subrayar más bien que en la paternidad y maternidad humanas Dios mismo está presente de un modo diverso de como lo está en cualquier otra generación "sobre la tierra". En efecto, solamente de Dios puede provenir aquella "imagen y semejanza", propia del ser humano, como sucedió en la creación. La generación es, por consiguiente, la continuación de la creación.

 

Así pues, tanto en la concepción como en el nacimiento de un nuevo ser, los padres se hallan ante un "gran misterio" (Ef. 5,32). También el nuevo ser humano, igual que sus padres, es llamado a la existencia como persona y a la vida "en la verdad y en el amor". Esta llamada se refiere no sólo a lo temporal, sino también a lo eterno. Tal es la dimensión de la genealogía de la persona, que Cristo nos ha revelado definitivamente, derramando la luz del Evangelio sobre el vivir y el morir humanos y, por tanto, sobre el significado de la familia humana.

 

Como afirma el Concilio, el hombre "es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma". El origen del hombre no se debe sólo a las leyes de la biología, sino directamente a la voluntad creadora de Dios: voluntad que llega hasta la genealogía de los hijos e hijas de las familias humanas. Dios "ha amado" al hombre desde el principio y lo sigue "amando" en cada concepción y nacimiento humano. Dios "ama" al hombre como un ser semejante a él, como persona. Este hombre, todo hombre, es creado por Dios "por sí mismo". Esto es válido para todos, incluso para quienes nacen con enfermedades o limitaciones. En la constitución personal de cada uno está inscrita la voluntad de Dios que ama al hombre, el cual tiene como fin, en cierto sentido, a sí mismo. Dios entrega al hombre a sí mismo, confiándolo contemporáneamente a la familia y a la sociedad, como cometido propio. Los padres ante un nuevo ser humano, tienen o deberían tener plena conciencia de que Dios "ama" a este hombre "por sí mismo".

 

Por eso dice Cristo: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn. 10,10).

 

Por su misma genealogía, la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, participando precisamente en su vida, existe "por sí misma" y se realiza. El contenido de esta realización es la plenitud de vida en Dios, de la que habla Cristo (cfr. Jn.6,37-40), quien nos ha redimido previamente para introducirnos en ella (cfr. Mc.10,45).

 

(Cf. “CARTA A LAS FAMILIAS”. JUAN PABLO II.  Año de la Familia . Pág. 4-9.  1994).

 

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Planificaciones 2º Básico

 

Módulos "Amor de Dios"

 

 

 

 

JUNIO:     FICHAS Módulo "Amor de Dios" Nº 9-12.

 

BÁSICO (NB1) Apoyo Pedagógico Doctrinal para los Módulos "Amor de Dios"

 

TERCERA UNIDAD:  

“AGRADECEMOS AL SEÑOR CON NUESTRA ORACIÓN”

 

APRENDIZAJE ESPERADO: Practicar la oración como agradecimiento a Dios

 

 

CATEQUESIS SOBRE EL TEMA:

 

 

LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA

 

EL CREDO

 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.


Creo en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor,
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios,

Padre todopoderoso.

 

Desde allí ha de venir
a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.


Amén.

 

(Cf. EL "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Compendio" 2005. Juan Pablo II. Joseph Card. Ratzinger, Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2005. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 28 de Junio de 2005, víspera de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, año primero de mi Pontificado. BENEDICTUS PP. XVI.  Primera Parte. Segunda Sección. Credo).

 

 

 

REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE EL TEMA:

 

Las madres que oran por sus hijas e hijos

 

El Evangelio San Mateo nos dice que Jesús se retiró con sus discípulos a la región de Tiro y Sidón. Pasó de la ribera del mar de Galilea a la del Mediterráneo. Allí se le acercó una mujer gentil, perteneciente a la antigua población de Palestina -el país de Canaán- donde se asentaron los israelitas. Y a grandes voces le decía: ¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! ¡Mi hija es cruelmente atormentada por el demonio! (Cf. Mt. 15, 21-22).

 

San Mateo escribe que los discípulos se le acercaron para decirle: Atiéndela para que se vaya, pues viene gritando detrás de nosotros. La mujer persevera en su clamor, pero Jesús se limita a decirle: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de Israel. Esta madre, sin embargo, no se dio por vencida: se acercó y se postró ante Él diciendo: ¡Señor, ayúdame! ¡Cuánta fe!, ¡cuánta humildad!, ¡qué interés tan grande en su petición!  (Cf. Mt. 15, 23).

 

Jesús le explica mediante una imagen que el Reino había de ser predicado en primer lugar a los hijos, a quienes componían el pueblo elegido: No está bien -le dice- tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros. Pero la mujer, con profunda humildad, con fe sin límites, con una constancia a toda prueba, no se echó atrás: Es verdad, Señor -le contesta-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos. Conquista el Corazón de Cristo, provoca uno de los mayores elogios del Señor y el milagro que pedía: ¡Mujer, grande es tu fe! Cúmplase tu deseo. Y quedó sana su hija en aquel instante. Fue el premio a su perseverancia.(Cf. Mt. 15, 24-28).

 

Las buenas madres que aparecen en el Evangelio manifiestan siempre solicitud por sus hijos. Saben dirigirse a Jesús en petición de ayuda y de dones. Una vez será la madre de Santiago y de Juan la que se acerque al Señor para pedirle que reserve un buen puesto para sus hijos. Otra vez será aquella viuda de Naín que llora detrás de su hijo muerto y consigue de Cristo, quizá con una mirada, que se lo devuelva con vida.


San Agustín nos cuenta en sus Confesiones cómo su madre, Santa Mónica, santamente preocupada por la conversión de su hijo, no cesaba de llorar y de rogar a Dios por él; y tampoco dejaba de pedir a las personas buenas y sabias que hablaran con él para que abandonase sus errores. Un día, un buen obispo le dijo estas palabras, que tanto la consolaron: «¡Vete en paz, mujer!, pues es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas». Más tarde, el propio San Agustín dirá: «si yo no perecí en el error, fue debido a las lágrimas cotidianas llenas de fe de mi madre».

 

Dios oye de modo especial la oración de quienes saben amar; aunque alguna vez parezca que guarda silencio. Espera a que nuestra fe se haga más firme, más grande la esperanza, más confiado el amor. Quiere de todos un deseo más ferviente -como el de las madres buenas- y una mayor humildad.

 

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Planificaciones 2º Básico

 

Módulos "Amor de Dios"

 

 

 

JULIO:      FICHAS Módulo "Amor de Dios" Nº 13-16.

 

BÁSICO (NB1) Apoyo Pedagógico Doctrinal para los Módulos "Amor de Dios"

 

CUARTA UNIDAD:  

“HACEMOS EL BIEN COMO JESÚS”

 

APRENDIZAJE ESPERADO: Hacer el bien a sus compañeros y compañeras.

          

 

CATEQUESIS SOBRE EL TEMA:

 

«LA SÍNTESIS DE TODO EL EVANGELIO»

  (Fichas MAD: 2º Nº 13-16)

 

 

579. ¿Qué lugar ocupa el Padre nuestro en las Escrituras?

 

El Padre nuestro es «el resumen de todo el Evangelio» (Tertuliano); «es la más perfecta de todas las oraciones» (Santo Tomás de Aquino). Situado en el centro del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), recoge en forma de oración el contenido esencial del Evangelio.

 

580. ¿Por qué se le llama «la oración del Señor»?

 

Al Padre nuestro se le llama «Oración dominical», es decir «la oración del Señor», porque nos la enseñó el mismo Jesús, nuestro Señor.

 

581. ¿Qué lugar ocupa el Padre nuestro en la oración de la Iglesia?

 

Oración por excelencia de la Iglesia, el Padre nuestro es «entregado» en el Bautismo, para manifestar el nacimiento nuevo a la vida divina de los hijos de Dios. La Eucaristía revela el sentido pleno del Padre nuestro, puesto que sus peticiones, fundándose en el misterio de la salvación ya realizado, serán plenamente atendidas con la Segunda venida del Señor. El Padre nuestro es parte integrante de la Liturgia de las Horas.

 

(Cf. EL "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Compendio" 2005. Juan Pablo II. Joseph Card. Ratzinger, Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2005. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 28 de Junio de 2005, víspera de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, año primero de mi Pontificado. BENEDICTUS PP. XVI Cuarta Parte. Segunda Sección. 579-581).

 

 

REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE EL TEMA:

 

 

EDUCAR EN LA FE A NIÑOS Y NIÑAS

 

 

Toda nuestra vida está compuesta prácticamente de cosas que casi no tienen relieve. Las virtudes están formadas por una tupida red de actos que quizá no sobresalen de lo corriente y ordinario, pero en ellas, con heroísmo, se va forjando día a día la propia santidad.

 

Cada jornada la encontramos llena de ocasiones para ser fieles, para decirle al Señor que le amamos: «"Obras son amores y no buenas razones". ¡Obras, obras! -Propósito: seguiré diciéndote muchas veces que te amo -¡cuántas te lo he repetido hoy!-; pero, con tu gracia, será sobre todo mi conducta, serán las pequeñeces de cada día -con elocuencia muda- las que clamen delante de Ti, mostrándote mi Amor».

 

Ante el Señor tienen gran trascendencia el orden, la puntualidad, el cuidado de los libros con los que estudiamos o de los instrumentos de trabajo, la afabilidad con nuestros colegas, con la mujer, con los hijos, con los hermanos, el huir de la rutina que mata el amor humano -también el amor a la propia   profesión-, el querer darle sentido a cada día,   a cada  hora,   aunque  sea  el mismo trabajo que hemos realizado durante años, EL EDUCAR EN LA FE A NIÑOS Y NIÑAS.

 

La vida se vuelve mediocre, desamorada, cuando permitimos que entre la rutina, cuando no damos importancia a lo que hacemos porque nos parece que da igual hacerlo de un modo o de otro. En el trabajo diario, en nuestros deberes profesionales, encontramos habitualmente un campo importante para vivir la mortificación: «no hablando mal de lo que va mal» en las personas o en la empresa si no hay verdadera necesidad de hacerlo -y entonces lo haremos con objetividad y caridad, salvando siempre la intención de las personas, que no conocemos, poniendo intensidad, sin dejar para después lo que resulta más duro y costoso, prestando esos pequeños servicios que todo trabajo en común lleva consigo...

 

Es posible que se nos presenten pocas ocasiones -quizá ninguna- de salvar a otros con un acto heroico, exponiendo nuestra propia vida. Sin embargo, todos los días tendremos oportunidad de decir una palabra amable a ese amigo, a ese hermano que se le nota más cansado o preocupado, de pedir las cosas con amabilidad, de ser agradecidos, de evitar conversaciones o comentarios que siembran la inquietud y de los que nada positivo resulta, de ceder en la opinión, de evitar a toda costa el malhumor, que tanto daño causa a nuestro alrededor; podemos esforzarnos por entablar una conversación cuando el silencio se vuelve oneroso, o en escuchar con interés a quien nos habla, preparar con entusiasmo nuestras clases de religión católica.

 

Y así ocurre con todas las virtudes: la fe se expresa a veces en un acto de amor («Jesús, te quiero, cuenta conmigo, no me dejes») cuando pasamos cerca de un Sagrario en medio del ruido de la ciudad; la piedad, en una mirada a una imagen de la Virgen (¡cuánto se puede decir en el solo mirar!); la fortaleza, en cortar una conversación impura, en dar la cara por Jesucristo, por la Iglesia.... en evitar una ocasión de pecado, en procurar rendir en la última hora de trabajo de esa jornada que nos ha parecido más larga porque han surgido más problemas, porque estábamos con menos salud...

 

Cada día nos espera  Cristo con  las manos abiertas.   En   ellas   podemos   dejar   esfuerzos, sonrisas, constancia en la labor.... muchas cosas pequeñas, que  Él sabe  apreciar,  tesoros que guarda  para  la eternidad,  en donde  nos dirá al  llegar: Ven, siervo bueno  y  fiel, ya que has sido fiel en lo poco, yo te daré lo mucho.

 

Para los niños es casi lo mismo, debemos hablarles de que en cada acto pequeñito de bien, Jesús está presente y el Amor de Dios.

 

Metodología MAD.  Rodolfo Mendoza y Gloria Lúcar.  E-mail: moduloreligion@yahoo.es   Fono: (2) 314 70 62

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Planificaciones 2º Básico

 

Módulos "Amor de Dios"

 

 

 

 

AGOSTO:      FICHAS Módulo "Amor de Dios" Nº 17-20.

 

BÁSICO (NB1) Apoyo Pedagógico Doctrinal para los Módulos "Amor de Dios"

 

QUINTA UNIDAD:

 "DIOS PADRE NOS MANIFIESTA SU AMOR”

 

APRENDIZAJE ESPERADO: Reconocer que Dios Padre siempre está preocupado por nosotros.

 

 

 

CATEQUESIS SOBRE EL TEMA:

 

El cielo y la tierra

59. ¿Qué ha creado Dios?

 

La Sagrada Escritura dice: «en el principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1). La Iglesia, en su profesión de fe, proclama que Dios es el creador de todas las cosas visibles e invisibles: de todos los seres espirituales y materiales, esto es, de los ángeles y del mundo visible y, en particular, del hombre.

 

60. ¿Quiénes son los ángeles?

 

Los ángeles son criaturas puramente espirituales, incorpóreas, invisibles e inmortales; son seres personales dotados de inteligencia y voluntad. Los ángeles, contemplando cara a cara incesantemente a Dios, lo glorifican, lo sirven y son sus mensajeros en el cumplimiento de la misión de salvación para todos los hombres.

 

61. ¿De qué modo los ángeles están presentes en la vida de la Iglesia?

 

La Iglesia se une a los ángeles para adorar a Dios, invoca la asistencia de los ángeles y celebra litúrgicamente la memoria de algunos de ellos.

«Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida» (San Basilio Magno)


62. ¿Qué enseña la Sagrada Escritura sobre la Creación del mundo visible?

 

A través del relato de los «seis días» de la Creación, la Sagrada Escritura nos da a conocer el valor de todo lo creado y su finalidad de alabanza a Dios y de servicio al hombre. Todas las cosas deben su propia existencia a Dios, de quien reciben la propia bondad y perfección, sus leyes y lugar en el universo.

 

63. ¿Cuál es el lugar del hombre en la Creación?

 

El hombre es la cumbre de la Creación visible, pues ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

 

64. ¿Qué tipo de relación existe entre las cosas creadas?

 

Entre todas las criaturas existe una interdependencia y jerarquía, queridas por Dios. Al mismo tiempo, entre las criaturas existe una unidad y solidaridad, porque todas ellas tienen el mismo Creador, son por Él amadas y están ordenadas a su gloria. Respetar las leyes inscritas en la creación y las relaciones que dimanan de la naturaleza de las cosas es, por lo tanto, un principio de sabiduría y un fundamento de la moral.

 

65. ¿Qué relación existe entre la obra de la Creación y la de la Redención?

 

La obra de la Creación culmina en la obra aún más grande de la Redención. Con ésta, de hecho, se inicia la nueva Creación, en la cual todo hallará de nuevo su pleno sentido y cumplimiento.

 

(Cf. EL "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Compendio" 2005. Juan Pablo II. Joseph Card. Ratzinger, Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2005. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 28 de Junio de 2005, víspera de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, año primero de mi Pontificado. BENEDICTUS PP. XVI Primera Parte. Segunda Sección. Capítulo 1, 59-65).

 

 

 

REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE EL TEMA:

 

 

Dios manifiesta su Amor

 

 

La revelación absolutamente nueva de Dios como Padre acontece en Jesús: Dios es su Padre. Su misión consiste precisamente en dar a conocer a los hombres su nombre y glorificarlo. Por medio de Jesús, el Padre se manifiesta como amor sin límites: ama a los justos y pecadores.

 

Jesús mismo lo recibe todo del Padre. Jesús se dirige y habla con Dios como Padre de un modo completamente único: se atreve a llamarlo con una palabra familiar y llena de confianza: Abba. Jesús sólo puede hablar así de Dios, vivir de Dios, con Él y para Él, porque su relación con Dios Padre es verdaderamente única.

 

Por eso Jesús está por encima de Moisés, de los profetas, de la Ley y del mismo templo; hasta se atreve a perdonar los pecados que sólo Dios puede perdonar.

 

Jesús es la imagen, el icono del Padre. En Él Dios se hace visible como un Dios con rostro humano. En Jesucristo la fe cristiana ya no puede hablar de Dios al margen de su Hijo. Por eso sabemos que la relación de Hijo que Jesús mantiene con su Padre forma parte del mismo ser de Dios.

 

Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza a toda su humanidad.

 

Jesús hace de la misericordia uno de los temas fundamentales de su predicación y lo demuestra con toda su vida. Dios es Misericordioso, el Dios perdonador, el Dios Amor.

 

El hombre y su vocación suprema es alcanzado en Cristo mediante la revelación del misterio del Padre y de su amor: el hombre ha sido creado por el Amor y para amar. Por eso, sólo en la medida en que ama, el hombre es feliz.

 

Cristo, al revelar el amor misericordioso de Dios, exigía al mismo tiempo a los hombres que a imitación del Padre se dejasen guiar en su vida por el amor y la misericordia.

 

Jesús afirma la primacía del amor y del perdón sobre todo. Hay que hacer el bien a todos e incluso amar a los enemigos, a semejanza de Dios Padre.

 

La Cruz es el cumplimiento hasta el final del Plan de Salvación que consistía en la revelación del amor misericordioso a los seres humanos sin distinciones de colores ni formas: a los pobres, a los que sufren, a los prisioneros, a los ciegos, a los oprimidos, a los ricos buenos y a los pecadores.

 

El misterio pascual de Cristo es el culmen de la revelación del misterio de Dios.

 

En su resurrección Cristo ha revelado al Dios del amor misericordioso que no es un Dios de muertos, sino de vivos.

 

 Aplicación del Programa de Religión EREC 2006; para los Módulos de Religión "Amor de Dios".

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Planificaciones 2º Básico

 

Módulos "Amor de Dios"

 

 

 

SEPTIEMBRE:      FICHAS Módulo "Amor de Dios" Nº 21-24.

 

BÁSICO (NB1) Apoyo Pedagógico Doctrinal para los Módulos "Amor de Dios"

 

SEXTA UNIDAD:

“SOMOS PARTE DE LA CREACIÓN E HIJOS DE DIOS”  

  

APRENDIZAJE ESPERADO: Identificarse como parte importante de la Creación.  

 

 

CATEQUESIS SOBRE EL TEMA:

 

 

El Hombre (Los seres humanos)

 

66. ¿En qué sentido el hombre es creado «a imagen de Dios?»

 

El hombre ha sido creado a imagen de Dios, en el sentido de que es capaz de conocer y amar libremente a su propio Creador. Es la única criatura sobre la tierra a la que Dios ama por sí misma, y a la que llama a compartir su vida divina, en el conocimiento y en el amor. El hombre, en cuanto creado a imagen de Dios, tiene la dignidad de persona: no es solamente algo, sino alguien capaz de conocerse, de darse libremente y de entrar en comunión con Dios y las otras personas.

 

67. ¿Para qué fin ha creado Dios al hombre?

 

Dios ha creado todo para el hombre, pero el hombre ha sido creado para conocer, servir y amar a Dios, para ofrecer en este mundo toda la Creación a Dios en acción de gracias, y para ser elevado a la vida con Dios en el cielo. Solamente en el misterio del Verbo encarnado encuentra verdadera luz el misterio del hombre, predestinado a reproducir la imagen del Hijo de Dios hecho hombre, que es la perfecta «imagen de Dios invisible» (Col 1, 15).

 

68. ¿Por qué los hombres forman una unidad?

 

Todos los hombres forman la unidad del género humano por el origen común que les viene de Dios. Además Dios ha creado «de un solo principio, todo el linaje humano» (Hch 17, 26). Finalmente, todos tienen un único Salvador y todos están llamados a compartir la eterna felicidad de Dios.

 

69. ¿De qué manera el cuerpo y el alma forman en el hombre una unidad?

 

La persona humana es, al mismo tiempo, un ser corporal y espiritual. En el hombre el espíritu y la materia forman una única naturaleza. Esta unidad es tan profunda que, gracias al principio espiritual, que es el alma, el cuerpo, que es material, se hace humano y viviente, y participa de la dignidad de la imagen de Dios.

 

70. ¿Quién da el alma al hombre?

 

El alma espiritual no viene de los progenitores, sino que es creada directamente por Dios, y es inmortal. Al separarse del cuerpo en el momento de la muerte, no perece; se unirá de nuevo al cuerpo en el momento de la resurrección final.

 

71. ¿Qué relación ha establecido Dios entre el hombre y la mujer?

 

El hombre y la mujer han sido creados por Dios con igual dignidad en cuanto personas humanas y, al mismo tiempo, con una recíproca complementariedad en cuanto varón y mujer. Dios los ha querido el uno para el otro, para una comunión de personas. Juntos están también llamados a transmitir la vida humana, formando en el matrimonio «una sola carne» (Gn 2, 24), y a dominar la tierra como «administradores» de Dios.

 

72. ¿Cuál era la condición original del hombre según el designio de Dios?

 

Al crear al hombre y a la mujer, Dios les había dado una especial participación de la vida divina, en un estado de santidad y justicia. En este proyecto de Dios, el hombre no habría debido sufrir ni morir. Igualmente reinaba en el hombre una armonía perfecta consigo mismo, con el Creador, entre hombre y mujer, así como entre la primera pareja humana y toda la Creación.

 

(Cf. EL "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Compendio" 2005. Juan Pablo II. Joseph Card. Ratzinger, Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2005. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 28 de Junio de 2005, víspera de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, año primero de mi Pontificado. BENEDICTUS PP. XVI Primera Parte. Segunda Sección. Capítulo 1, 37-46. 50-54).

 

 

 

REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE EL TEMA:

 

 

Ser humano: es ser imagen de Dios

 

 

Dios que nos invita a vivir como verdaderos hermanos, a vivir como verdaderos hijos de Dios y, por tanto, como verdaderos hermanos unos de otros.

 

Todos los seres humanos llevamos impreso en nuestro ser el deseo de solidaridad y fraternidad universal. Este deseo es patrimonio de toda la humanidad. Pero la realidad y el mundo que nos rodean no parecen responder a este deseo. La violencia, el odio, la discordia, la insolidaridad, la injusticia, la mentira, etc.; son realidades frecuentes en nuestro mundo y en nuestro corazón.

 

La primera verdad de la revelación bíblica sobre el ser humano es ser imagen de Dios y serlo en la complementariedad del ser varón y ser mujer. En su condición de criatura, creada por Dios a su imagen y semejanza, se funda tanto la dignidad de la persona humana como la dimensión ética de su existencia.

 

El ser humano, que es criatura de Dios, encuentra su plenitud, su felicidad, en la relación con su Creador. Dios nos conoce tal como somos, con nuestras cualidades y defectos...así nos quiere.

 

La Biblia, deja claro que es posible dominar la fuerza del pecado, oponerle resistencia. Dios siempre sigue preocupado por los seres humanos.

 

No escuchar la voz de Dios tiene consecuencias fatales tanto para la relación con Dios como para las relaciones interpersonales.

 

Todos los seres humanos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios: todos los hombres somos verdaderamente hermanos.

 

La Palabra de Dios nos muestra otra verdad importante: a Dios le importan las personas humanas; le importan en sí mismas; en su relación con Él y en su relación mutua.

 

A Dios le importa la humanidad. Tras la caída en el pecado de cualquier ser humano, Dios no lo abandona, siempre lo está esperando con los brazos abiertos para amarlo.

 

Jesucristo pone al mismo nivel el "Amarás a Dios con todo el corazón…" y el "Ama a tu prójimo como a ti mismo". El que ama a Dios ama a todos los seres humanos, varones y mujeres, a la raza humana, al Hombre.

 

 Aplicación del Programa de Religión EREC 2006; para los Módulos de Religión "Amor de Dios".

Metodología MAD.  Rodolfo Mendoza y Gloria Lúcar.  E-mail: moduloreligion@yahoo.es   Fono: (2) 314 70 62

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Planificaciones 2º Básico

 

Módulos "Amor de Dios"

 

 

 

OCTUBRE:     FICHAS Módulo "Amor de Dios" Nº 25-28.                              

 

BÁSICO (NB1) Apoyo Pedagógico Doctrinal para los Módulos "Amor de Dios"

 

SÉPTIMA UNIDAD:

 “TRANSFORMAMOS LA CREACIÓN Y COMPARTIMOS NUESTRAS ALEGRÍAS”

 

APRENDIZAJE ESPERADO: Agradecer por la vida que Dios nos ha dado.

 

 

 

CATEQUESIS SOBRE EL TEMA:

 

 

LA CONCIENCIA MORAL

 

 

372. ¿Qué es la conciencia moral?

 

La conciencia moral, presente en lo íntimo de la persona, es un juicio de la razón, que en el momento oportuno, impulsa al hombre a hacer el bien y a evitar el mal. Gracias a ella, la persona humana percibe la cualidad moral de un acto a realizar o ya realizado, permitiéndole asumir la responsabilidad del mismo. Cuando escucha la conciencia moral, el hombre prudente puede sentir la voz de Dios que le habla.

 

373. ¿Qué supone la dignidad de la persona en relación con la conciencia moral?

 

La dignidad de la persona humana supone la rectitud de la conciencia moral, es decir que ésta se halle de acuerdo con lo que es justo y bueno según la razón y la ley de Dios. A causa de la misma dignidad personal, el hombre no debe ser forzado a obrar contra su conciencia, ni se le debe impedir obrar de acuerdo con ella, sobre todo en el campo religioso, dentro de los límites del bien común.

 

374. ¿Cómo se forma la conciencia moral para que sea recta y veraz?

 

La conciencia recta y veraz se forma con la educación, con la asimilación de la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia. Se ve asistida por los dones del Espíritu Santo y ayudada con los consejos de personas prudentes. Además, favorecen mucho la formación moral tanto la oración como el examen de conciencia.

 

375. ¿Qué normas debe seguir siempre la conciencia?

 

Tres son las normas más generales que debe seguir siempre la conciencia:

1) Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.
2) La llamada Regla de oro: «Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos» (Mt 7, 12).
3) La caridad supone siempre el respeto del prójimo y de su conciencia, aunque esto no significa aceptar como bueno lo que objetivamente es malo.

 

(Cf. EL "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Compendio" 2005. Juan Pablo II. Joseph Card. Ratzinger, Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2005. Dado en Roma, junto a San Pedro, el 28 de Junio de 2005, víspera de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, año primero de mi Pontificado. BENEDICTUS PP. XVI.  Tercera Parte. Primera Sección. Capítulo 1, 372-375).

 

 

 

REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE EL TEMA:

 

 

El Apostolado de la Alegría

 

No podemos dar ejemplo ni llamarnos cristianos, si no damos ejemplo al mundo, si no transmitimos una alegría profunda (interior y exterior). El cristiano no puede tener el rostro arisco, no puede tener en su corazón sentimientos intolerantes o pesimistas. Nuestro primer motivo de alegría es la esperanza y la fe en Dios, el amor que nos tiene y el que le demos debe hacer brotar de nuestro corazón una alegría sincera, completa, “de dientes para adentro”.

 

La tristeza solo cabe en quien ha perdido la esperanza, en quien ha sido abandonado. Y Dios nunca nos abandona, y estar en comunión con Él en el cielo es una promesa que debe alegrarnos permanentemente.

El apostolado de la alegría es convincente, porque es un testimonio directo de quien se ha olvidado de sus propios problemas para preocuparse por los demás, y muy especialmente por haber puesto su corazón en Dios.

 

Como católicos podemos ser atacados en muchas formas: por nuestra veneración hacia la Santísima Virgen, por el crucifijo que podemos llevar en el pecho, entre otras muchas. Pero algo que nunca nadie puede atacar, una espada cuyo filo es suave, pero ante la cual no hay escudo, es la alegría. Nadie puede reclamarnos el que seamos alegres, nadie nos dirá “¡Incongruente!” si fuimos amables y sonreímos con el pobre hombre que pide dinero en las calles. Nadie nos reclamará por pasar una tarde en un hospital llevándole alegría a los enfermos.

La alegría es propia de los enamorados. Cuando alguien pasa por ahí canturreando y con una sonrisa en los labios, con un semblante pacífico, pensamos fácilmente “ah, son las cosas del amor”. Pues los católicos tenemos muchas y muy buenas razones para tener esa alegría propia de los enamorados.

 

“La alegría es el amor disfrutado; es su primer fruto. Cuanto más grande es el amor, mayor es la alegría (SANTO TOMÁS, Suma Teológica). Dios es amor (1, 4,8) enseña San Juan; un Amor sin medida, un Amor eterno que se nos entrega. Y la santidad es amar, corresponder a esa entrega de Dios al alma. Por eso, el discípulo de Cristo es un hombre, una mujer, alegre, aun en medio de las mayores contrariedades: Y Yo os daré una alegría que nadie os podrá quitar (Juan 16, 22). “Un santo triste es un triste santo” se ha escrito con verdad. Porque la tristeza tiene una íntima relación con la tibieza, con el egoísmo y la soledad. El Señor nos pide el esfuerzo para desechar un gesto adusto o una palabra destemplada para atraer muchas almas hacia Él, con nuestra sonrisa y paz interior, con garbo y buen humor. Si hemos perdido la alegría, la recuperamos con la oración, con la Confesión y el servicio a los demás sin esperar recompensa aquí en la tierra.” (Francisco Fernández Carvajal, Sábado Segunda  Semana del Tiempo Ordinario).

 

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Módulos "Amor de Dios"

 

 

 

NOVIEMBRE-DICIEMBRE:      FICHAS Módulo "Amor de Dios" Nº 29-32.

 

BÁSICO (NB1) Apoyo Pedagógico Doctrinal para los Módulos "Amor de Dios"

 

OCTAVA UNIDAD:

“COMPARTIMOS NUESTRAS ALEGRÍAS”

 

APRENDIZAJE ESPERADO: Alegrarse por la venida de Jesús al mundo.

 

 

 

CATEQUESIS SOBRE EL TEMA:

 

 

DIVERSIDAD LITÚRGICA Y UNIDAD DEL MISTERIO

 

 

247. ¿Por qué el único Misterio de Cristo se celebra en la Iglesia según diversas tradiciones litúrgicas?

 

El Misterio de Cristo, aunque es único, se celebra según diversas tradiciones litúrgicas porque su riqueza es tan insondable que ninguna tradición litúrgica puede agotarla. Desde los orígenes de la Iglesia, por tanto, esta riqueza ha encontrado en los distintos pueblos y culturas expresiones caracterizadas por una admirable variedad y complementariedad.

 

248. ¿Qué criterio asegura la unidad dentro de la multiformidad?

 

El criterio para asegurar la unidad en la multiformidad es la fidelidad a la Tradición Apostólica, es decir, la comunión en la fe y en los sacramentos recibidos de los Apóstoles, significada y garantizada por la sucesión apostólica. La Iglesia es católica: puede, por tanto, integrar en su unidad todas las riquezas verdaderas de las distintas culturas.

 

249. ¿Es todo inmutable en la liturgia?

 

En la liturgia, sobre todo en la de los sacramentos, existen elementos inmutables por ser de institución divina, que la Iglesia custodia fielmente. Hay después otros elementos, susceptibles de cambio, que la Iglesia puede y a veces debe incluso adaptar a las culturas de los diversos pueblos.

 

REFLEXIÓN PEDAGÓGICA SOBRE EL TEMA:

 

 

El mejor regalo de Navidad

 

Se acercaban los días de fiestas Navideñas, 1994, tiempo para que nuestros huérfanos escucharan por primera vez, la historia tradicional de Navidad. Les contamos como María y José llegaron a Belén. No encontraron albergue en la posada y la pareja se fue a un establo, donde nació el niño Jesús y fue puesto en un pesebre.

 

Durante el relato de la historia, los niños y los trabajadores del orfanato estaban asombrados mientras escuchaban. Algunos estaban sentados al borde de sus taburetes, tratando de captar cada palabra. Terminando la historia, le dimos a los niños tres pequeños pedazos de cartulina para que construyeran un pesebre. A cada niño le dimos un pedazo de papel cuadrado cortados de unas servilletas amarillas, que yo había traído conmigo pues no habían servilletas de colores en la cuidad.

 

Siguiendo las instrucciones, los niños rasgaron el papel y colocaron las tiras con mucho cuidado en el pesebre. Pequeños pedazos de cuadros de franela.

 

Los huérfanos estaban ocupados construyendo sus pesebres, mientras yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban ayuda. Parecía ir todo bien hasta que llegue a una de las mesas donde estaba sentado el pequeño Misha. Parecía tener alrededor de 6 años y ya había terminado su proyecto. Cuando miré en el pesebre de este pequeño, me sorprendió ver no uno, sino dos bebés en el pesebre. Enseguida llame al traductor para que le preguntara al chico porque habían dos bebés en el pesebre. Cruzando sus brazos y mirando a su pesebre ya terminado, empezó a repetir la historia muy seriamente.

 

Para ser un niño tan pequeño que solo había escuchado la historia de Navidad una vez, contó el relato con exactitud… hasta llegar a la parte donde María coloca el bebé en el pesebre. Entonces Misha empezó a agregar. Inventó su propio fin de la historia diciendo, “y cuando María colocó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar donde ir.“ Yo le dije, "no tengo mamá y no tengo papá, así que no tengo donde quedarme“. Entonces Jesús me dijo que me podía quedar con El. Pero le dije que no podía porque no tenía regalo para darle como habían hecho los demás. Pero tenía tantos deseos de quedarme con Jesús, que pensé que podría darle de regalo. Pensé que si lo pudiera mantenerle caliente, eso fuera un buen regalo.

 

Le pregunté a Jesús, “Si te mantengo caliente, sería eso un buen regalo?” Y Jesús me dijo, “Si me mantienes caliente, ese sería el mejor regalo que me hayan dado".

 

Así que me metí en el pesebre, y entonces Jesús me miró y me dijo que me podría quedar con El… “para siempre“.

 

Mientras el pequeño Misha termina su historia, sus ojos se desbordaban de lágrimas que les salpicaban por sus mejillas. Poniendo su mano sobre su cara bajo su cabeza hacia la mesa y sus hombros se estremecían mientras sollozaba y sollozaba.

 

El pequeño huérfano había encontrado alguien quien nunca lo abandonaría ni abusaría de él, alguien que se quedaría con el… PARA SIEMPRE.

 

Gracias a Misha he aprendido que lo que cuenta, no es lo que uno tiene en su vida, si no, a quien uno tiene en su vida. No creo que lo ocurrido a Misha fuese imaginación. Creo que Jesús de verdad lo invitó a estar junto a El PARA SIEMPRE. Jesús hace esa invitación a todos, pero para escucharla hay que tener corazón de niño. (Cf. Autor Desconocido. Extraído del Diario Yucatán).

 

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