Profesores de Religión:
En la
fiesta
de Pentecostés, es muy importante
para todo profesor de Religión
que trabaja con la
Metodología MAD,
captar la
idea del Papa Benedicto XVI, sobre la universalidad, es decir,
de la
catolicidad
de nuestra Iglesia, para abrir nuestra
conciencia al ecumenismo
universal: diálogo fraterno con
las demás iglesias y religiones, especialmente con nuestros estudiantes de otras "iglesias"
en nuestras clases,
los "famosos eximidos".
“4. El día de Pentecostés manifiesta
también la cuarta nota de la Iglesia: la catolicidad. El
Espíritu Santo revela su presencia en el don de lenguas; de
este modo renueva e invierte el acontecimiento de Babilonia:
la soberbia de los hombres que querían ser como Dios y
construir la torre babilónica, un puente que alcanzara el
cielo, con sus propias fuerzas, a espaldas de Dios. Esta
soberbia crea en el mundo las divisiones y los muros que
separan. Llevado de la soberbia, el hombre reconoce únicamente
su inteligencia, su voluntad y su corazón, y, por ello, ya no
es capaz de comprender el lenguaje de los demás ni de escuchar
la voz de Dios. El Espíritu Santo, el amor divino, comprende y
hace comprender las lenguas, crea unidad en la diversidad. Y
así la Iglesia, ya en su primer día, habla en todas
las lenguas, es católica desde el principio. Existe el puente
entre cielo y tierra. Este puente es la cruz; el amor del
Señor lo ha construido. La construcción de este puente rebasa
las posibilidades de la técnica; la voluntad babilónica tenía
y tiene que naufragar. Únicamente el amor encarnado de Dios
podía levantar aquel puente. Allí donde el cielo se abre y los
ángeles de Dios suben y bajan (Jn 1,51), también los hombres
comienzan a comprenderse.
La Iglesia, desde el primer momento de su
existencia, es católica, abraza todas las lenguas. Para la
idea lucana de Iglesia y, por tanto, para una eclesiología
fiel a la Escritura, el prodigio de las lenguas expresa un
contenido lleno de significación: la Iglesia universal precede
a las Iglesias particulares; la unidad es antes que las
partes. La Iglesia universal no consiste en una
fusión secundaria de Iglesias locales; la Iglesia universal,
católica, alumbra a las Iglesias particulares, las cuales sólo
pueden ser Iglesia en comunión con la catolicidad. Por otra
parte, la catolicidad exige la numerosidad de lenguas, la
conciliación y reunión de las riquezas de la humanidad en el
amor del Crucificado. La catolicidad, por tanto, no consiste
únicamente en algo exterior, sino que es además una
característica interna de la fe personal: creer con la Iglesia
de todos los tiempos, de todos los continentes, de todas las
culturas, de todas las lenguas. La catolicidad exige la
apertura del corazón, como dice San Pablo a los Corintios: «No
estáis al estrecho con nosotros...; pues para corresponder de
igual modo, como a hijos os hablo; ¡abrid también vuestro
corazón!» (2 Cor 6,12-13). «Non angustiamini in nobis... dilatamini
et vos!» Este «dilatamini» es el imperativo permanente de la
catolicidad. Los apóstoles pudieron realizar la Iglesia
católica porque la Iglesia era ya católica en su corazón. Fue
la suya una fe católica abierta a todas las lenguas. La
Iglesia se hace infecunda cuando falta la catolicidad del
corazón, la catolicidad de la fe personal.”
(Cf. El Camino Pascual. Joseph Ratzinger. BAC Popular. Madrid
1990. páginas 150-151)
La
Metodología MAD busca la
catolicidad de creer con la iglesia de todos los tiempos,
de todos los continentes, de todas las culturas, de todas las
lenguas, buscando lo que nos une y no los que nos separa
como nos muestra el Papa Benedicto XVI.
Rodolfo Mendoza
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