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METODOLOGÍA MAD: |
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SPE
SALVI
ENCÍCLICA
DEL PAPA SOBRE LA ESPERANZA CRISTIANA
(noviembre del 2007)
Profesores, el Papa Benedicto XVI nos muestra principios
claves que debiéramos insertar a modo de objetivos fundamentales
transversales en la metodología MAD en el desarrollo de
nuestras clases con los textos escolares módulos "Amor de Dios":
«Spe salvi», segunda encíclica de Benedicto XVI, está dedicada
a la esperanza cristiana. El texto consta de una introducción y ocho
capítulos y se abre con el pasaje de la Carta de San Pablo a los
Romanos: SPE SALVI facti sumus (en esperanza fuimos salvados).
Los capítulos llevan como título: «La fe es esperanza»; «El concepto
de esperanza basada en la fe en el Nuevo Testamento y en la Iglesia
primitiva»; «La vida eterna - ¿qué es?»; «¿Es individualista la
esperanza cristiana?»; «La transformación de la fe-esperanza
cristiana en el tiempo moderno»; «La verdadera fisonomía de la
esperanza cristiana»; «Lugares de aprendizaje y del ejercicio de la
esperanza: I) La oración como escuela de la esperanza; II) El actuar
y el sufrir como lugares de aprendizaje de la esperanza; III) El
Juicio como lugar de aprendizaje y ejercicio de la esperanza;
«María, estrella de la esperanza»,
«Según la fe cristiana, -explica el Papa en la introducción- la
redención, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos
ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la
esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar
nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se
puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar
seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el
esfuerzo del camino».
Por lo tanto, «elemento distintivo de los cristianos» es «el hecho
de que ellos tienen un futuro, (...) saben (...) que su vida, en
conjunto, no acaba en el vacío. (...) El Evangelio no es solamente
una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación
que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo,
del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza
vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva».
«Llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa
recibir esperanza», explica el Santo Padre. Es algo que entendieron
muy bien los Efesios, que antes del encuentro con Dios tenían muchos
dioses pero «estaban sin esperanza, (...) sin Dios». El problema
para los que vivimos siempre con el concepto cristiano de Dios,
subraya el Santo Padre, es el estar acostumbrados al Evangelio: «el
tener esperanza, que proviene del encuentro real con (...) Dios,
resulta ya casi imperceptible».
El Papa recuerda que Jesús no traía «un
mensaje socio-revolucionario» como el de Espartaco y «no era un
combatiente por una liberación política como Barrabás o Bar-Kokebá».
Lo que Jesús había traído «era algo totalmente diverso: (...) el
encuentro con el Dios vivo, (...) el encuentro con una esperanza más
fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, y que por ello
transforma desde dentro la vida y el mundo», «aunque las estructuras
externas permanecieran igual».
Cristo nos hace libres verdaderamente: «No somos esclavos del
universo» y «de las leyes y de la casualidad de la materia». (...)
Somos libres porque «el cielo no está vacío», porque el Señor del
universo es Dios, que «en Jesús se ha revelado como Amor».
Cristo es el «verdadero filósofo» que nos dice «quien es en realidad
el hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre». «Él
indica también el camino más allá de la muerte; sólo quien es capaz
de hacer todo esto es un verdadero maestro de vida». Y nos ofrece
una esperanza que es al mismo tiempo espera y presencia: porque "el
hecho de que este futuro exista cambia el presente».
El Papa observa que «tal vez muchas
personas rechazan hoy la fe simplemente porque la vida eterna no les
parece algo deseable. (...) «La crisis actual de la fe -prosigue- es
sobre todo una crisis de la esperanza cristiana». «El
restablecimiento del «paraíso» perdido, ya no se espera de la fe»
sino de los progresos técnicos y científicos, de los que surgirá «el
reino del hombre». La esperanza se transforma de ese modo en «fe en
el progreso» asentada sobre dos columnas: la razón y la libertad,
que parecen garantizar de por sí, en virtud de su bondad intrínseca,
una nueva comunidad humana perfecta».
«Hay dos etapas esenciales de la concreción
política de esta esperanza» -prosigue Benedicto XVI-: la Revolución
francesa y la marxista. Ante la evolución de la Revolución francesa
«la Europa de la Ilustración (...) ha tenido que reflexionar (...)
de manera nueva sobre la razón y la libertad». Por otra parte, la
revolución proletaria «ha dejado tras de sí una destrucción
desoladora». El error fundamental de Marx ha sido éste: «Ha olvidado
al hombre y ha olvidado su libertad. (...) Creyó que, una vez
solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero
error es el materialismo». «Digámoslo ahora de manera muy sencilla
-escribe el Papa- el hombre necesita a Dios, de lo contrario queda
sin esperanza». «El hombre nunca puede ser redimido solamente desde
el exterior. (...) El hombre es redimido por el amor». Un amor
incondicional, absoluto: «La verdadera, la gran esperanza del hombre
que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios,
el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo».
El Papa indica cuatro lugares para aprender y ejercitar la
esperanza. El primero es la oración: «Cuando ya nadie me escucha,
Dios todavía me escucha. (...) Si ya no hay nadie que pueda ayudarme
(...) Él puede ayudarme».
Después de la oración esta el actuar. «La esperanza en sentido
cristiano es siempre esperanza para los demás. Y es esperanza
activa, con la cual luchamos (...) para que el mundo llegue a ser un
poco más luminoso y humano. Y solamente si sé que «mi vida personal
y la historia en su conjunto están custodiados por el poder
indestructible del amor», «puedo esperar».
También el sufrimiento es un lugar de aprendizaje de la esperanza.
«Conviene ciertamente hacer todo lo posible para disminuir el
sufrimiento», sin embargo «lo que cura al hombre no es esquivar el
sufrimiento (...) sino la capacidad de aceptar la tribulación,
madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con
Cristo, que ha sufrido con amor infinito. (...) Es también
fundamental, saber sufrir con los demás y por los demás. «Una
sociedad que no logra aceptar a los que sufren (...) es una sociedad
cruel e inhumana».
Finalmente, otro lugar para aprender la esperanza es el Juicio de
Dios. (...) Existe la resurrección de la carne. Existe una justicia.
Existe la «revocación» del sufrimiento pasado, la reparación que
restablece el derecho». El Papa se muestra «convencido de que la
cuestión de la justicia es el argumento esencial, o en todo caso, el
argumento más fuerte en favor de la fe en la vida eterna». Es
imposible que «la injusticia de la historia sea la última palabra.
(...) Pero en su justicia está también la gracia». «La gracia no
excluye la justicia... Al final, los malvados, en el banquete
eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las
víctimas, como si no hubiera pasado nada».
Prof.
Rodolfo Mendoza
www.metodologiamad.cl
1 de diciembre del 2007
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